Hoy pensaba escribir un relato de viaje, un día más de experiencias por el mundo. Hoy iba caminando hacia el ciber café en Kanchanaburi (Tailandia) y la casi me atropella una moto. Una señora con su hijo. El cuasiatropello se convirtió en varias sonrisas de oreja a oreja. La del niño, la de la conductora, la de la chica del puesto de fruta.

Seguí andando y el señor del restaurante al que fui hace un par de noches me reconoció, me saludó en tailandés y me regaló otra. Los chicos del ciber me saludaron con un gran sawasdee kaa y me dejaron la mejor silla para escribir sin pedir nada.

De pronto, revisando fotos de estos últimos meses me he dado cuenta de un pequeño detalle. Lo que más me gusta de viajar no es solo la adrenalina, no es el hecho de ver paisajes impresionantes, lo que me llena el alma y lo que me llevo conmigo son las personas.

Una mirada, una sonrisa extraña que de pronto te toca el ventrículo izquierdo y, ¿por qué no?, el derecho.  Algo que te acerca a alguien que no tiene nada que ver contigo.

Hoy va por ellos, por los compañeros de este viaje llamado vida.

 

Sonrisas de Sri Lanka

Sonrisas de Sri Lanka

Sonrisas en Mae Sot

Sonrisas en Mae Sot

Sonrisas de Maldivas

Sonrisas de Maldivas

Sonrisas en China

Sonrisas en China

Sonrisas en Laos

Sonrisas en Laos

Sonrisas entre arrozales

Sonrisas entre arrozales

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies