¿Mysore? ¿Yoga? ¿Eso dónde está? Mi cerebro tenía ganas de hacer reset, pero, al mismo tiempo, luchaba por no querer absorber información nueva paralizado por el miedo.

Sin paños calientes, 2019 fue un año muy difícil (¡ay, 2020, qué mal te estás portando también!). Aunque empezó por todo lo alto recorriendo la Great Ocean Road de Australia en furgoneta, al poner un pie de nuevo en Filipinas, la cosa se empezó a torcer. Jairo (mi compañero de viaje y vida) pasó ingresado 3 semanas en un hospital de Manila y, 2 intervenciones quirúrgicas después, volvimos a “casa” para que se recuperase.

Ahí fue cuando empezó la batalla conmigo misma. Después de casi 5 años viajando y, a pesar de haber unas paradas esporádicas en España, fue difícil volver a la calma. Deshacer la mochila se me hizo un mundo y pensar en estar varios meses parada por motivos que escapaban a mi voluntad se me hizo cuesta arriba durante muchos meses.

¿Y por qué te cuento todo esto? Porque en esta época me refugié en el deporte y redescubrí el poder que la práctica de yoga tiene en mí. Mucha parte de mi trabajo consiste estar presente en redes sociales y, para qué engañarnos, soy una persona inquieta. La esterilla me ayuda a estar presente, me aleja de mi espiral de pensamientos y, por supuesto, también me levanta de la silla en la que estoy sentada tantas horas.

Así que, cuando Jairo estuvo casi al 100%, empecé a pensar en cumplir uno de mis grandes sueños, pero también uno de mis grandes miedos: viajar sola a India para hacer yoga.

¿Viajar a India para hacer yoga?

A pesar de haber visitado India en 3 ocasiones, siempre lo había hecho acompañada. Si ya me has leído alguna vez, también sabes que empecé a viajar sola allá por 2014, cuando me fui a Tailandia con billete de solo ida, pero era pensar en ir a India en solitario y paralizarme.

No sé las razones exactas, pero creo que algo tiene que ver con las miradas penetrantes de los hombres durante mis viajes a Delhi y el Rajastán. A pesar de viajar acompañada y con ropa holgada, no era muy difícil encontrarte con alguien mirándote fijamente o tener a un montón de hombres esperando para hacerse fotos contigo. Llegados a este punto, quiero aclarar que nunca me pasó nada, pero sí que a veces me resultaba pesado y me llegaba a sentir algo apática.

Sin embargo, mis ganas de ir a la cuna del yoga eran superiores a mis miedos. Además, sabía que era el momento de dar un paso adelante y buscar una rutina que me anclase a mi vida de viaje.

Quizás es un poco difícil de entender si no eres una persona que está en movimiento constante y no tienes un sitio al que llamar hogar, pero, a pesar de ser un yonki de la adrenalina y buscar el cambio sin haber ni siquiera llegado a la estabilidad, a veces necesitas tener algo que sea poco variable en tu vida y eso es complicado si tu casa es una mochila.

La esterilla de yoga me ha acompañado en mi casa móvil desde 2016, cuando la compré en un supermercado de Playa del Carmen (México). Con menos frecuencia que más acudía a ella, sobre todo en los períodos que pasábamos en un sitio fijo porque necesitábamos trabajar. 3 años más tarde, afincada en la casa de mis padres en Huelva, me volví a refugiar en la escritura y en ella y sentí que era el momento de hacerla una variable fija en mi vida viajando a India.

templos típicos sur de India

¿Y por qué Mysore para hacer yoga en India?

Goa, Rishikesh y la preciosísima Kerala (que tuve la suerte de visitar en un viaje con otros bloggers en 2017) eran los nombres que más aparecían en las búsquedas de sitios para practicar yoga en India. Sin embargo, me abrumaba el hecho de visitar el norte de nuevo o ir a un sitio muy turístico, en el que al final se orientase todo tanto al turista que perdiese un poco de su encanto y, lo más importante, la seriedad.

Mi objetivo no era hacer un curso de profesora de yoga (los famosos Yoga Teacher Training, YTT) porque, siendo sincera, no me sentía con la práctica y la fuerza necesarias para meterme en algo así y porque mi objetivo nunca ha sido vivir de esto.

Así fue cómo acudí a María (¡gracias!), que sabía que había estado practicando en India, y me soltó la palabra mágica: Mysore.

Empecé a investigar y rápidamente pareció que era lo que buscaba.

Mysore se presentaba como una ciudad de tamaño medio, con un barrio en el que hace unas décadas se asientan yoguis de todo el mundo, pero que todavía conservaba esa esencia local y tranquila que yo buscaba. Los precios parecían estar bien, tenías un aeropuerto medianamente cerca y también había sitios chulos para visitar en la propia ciudad y sus alrededores.

Indagando un poco más, aprendí que Mysore es la cuna del ashtanga vinyasa yoga, una disciplina de yoga de la que, hablando claro, no tenía ni idea y se me hacía grande. Me tiré a la piscina y, sin duda, fue uno de los grandes aciertos de mi vida.

De camino a India para practicar yoga

Sin pensarlo mucho, compré un billete a Mumbai. Tras unas semanas de auto-convencimiento y noches dándole vueltas a todo e intentándome hacer la valiente, aterricé en un hostel del centro de la macrociudad. El monzón me dio la bienvenida y mi nuevo chubasquero se convirtió en mi mejor aliado, pero pronto me sentí como pez en el agua.

Es raro, pero todos los miedos que se te presentan tan grandes en casa se borran en 2 minutos cuando pones un pie en la calle. Y, sí, te sientes tan poderosa como la primera vez que apareciste con la mochila llena de sueños en Bangkok hace unos años.

Tras un par de días explorando Mumbai, que me gustó más de lo esperado, volé a Bangalore, la capital del estado de Karnataka. Allí cogí un bus que en 4 horas me dejó en una caótica estación de Mysore. Cansada, me dejé timar un poco por un rickshaw que me llevó a mi nueva casa en Gokulam.

Este barrio se popularizó con el traslado del instituto de Pattabhi Jois a él en 2002.

¿Pero quién es Pattabhi Jois? Es una de las figuras más importantes de Mysore, ya que fue quien desarrolló y popularizó el ashtanga allá por los años 40. Puedes leer más aquí o ver mis stories de Instagram sobre este tema.

Centenas de practicantes de yoga vienen cada año a Mysore gracias a él y, aunque falleció en 2009, el testigo del Ashtanga Yoga Research Institute (el KPJAYI) lo recogieron su hija Saraswathi y, sobre todo, su nieto R. Sharath Jois, quienes siguen dirigiendo clases cada año durante ciertos meses. Los cupos son limitados y la inscripción se hace por internet. Cuando llega la fecha, cientos de personas se conectan a su portal y las plazas se acaban en cuestión de minutos.

Sin embargo, Sharath inauguró una nueva shala de yoga mucho más grande en 2019 fuera de Gokulam. La actual queda para algunas prácticas menos multitudinarias.

Mi vida en Gokulam, el barrio yogui de Mysore

Había hecho los deberes y llegué a Mysore con una cama en la que caer. Me volví a tirar a la piscina y me salió de escándalo.

Viendo que no había muchos hoteles en la zona (luego entendí por qué), contacté con el dueño de unos apartamentos que había visto por Airbnb. Consciente de que los precios en India son baratos y que esta plataforma se lleva un porcentaje por la gestión, investigué un poco y no sé cómo, pero di con el número de WhatsApp de Vinay.

Resulta que Vinay y sus padres tienen un pequeño bloque de apartamentos en el corazón de Gokulam. Nada realmente despampanante, pero su estudio fue mi adorada casa durante casi un mes. Con una pequeña cocina, ducha con agua caliente, un escritorio majo para sentarme a escribir, un internet realmente rápido y un par de lavadoras en la azotea, 450 rupias la noche todavía me sigue pareciendo una ganga.

La primera tarde salí a comerme mi primer thali y caí rendida a los pies de mi nueva vida en Gokulam. Es difícil de explicar, pero creo que Mysore lo tiene todo para quien desea pasar unas semanas o meses practicando yoga sin agobiarse por ser muy turístico o agobiante, pero quiere un mínimo de infraestructura.

Gokulam le puso orden a mi cabeza, que llevaba unos meses loca. Es como un pequeño pueblo de calles flanqueadas por casas residenciales y salpicadas por pequeños restaurantes en los que, por supuesto, no faltan opciones veganas y vegetarianas. Y, a pesar de que los extranjeros comenzaron a llegar hace más de 60 años, todavía no hay un desarrollo turístico apabullante ni hay gente que te quiera vender cosas cada 3 pasos.

Aconsejada, también caí en una escuela con la que acabé pasando casi toda mi estancia de yoga en Mysore. Como yo no iba buscando cursos de profesora y tampoco tenía experiencia para practicar con Sharath Jois (tampoco estaba por allí en esas fechas), lo que hice fue cogerme un paquete de 2 semanas en Yoga Bharata, que luego extendí más.

calles de Gokulam, el centro del yoga en Mysore

La rutina de yoga y el famoso estilo Mysore

Tengo que reconocer que fui demasiado bruta. Escogí hacer 2 clases de yoga de 1,5-2 horas durante 6 días a la semana, cuando mi cuerpo no estaba, ni de lejos, preparado para tanto. Pequé de querer exprimir al máximo mi estancia y, sinceramente, me levantaba cada día hecha polvo. Aun así, pensándolo unos meses después, me sentía feliz, centrada, alineada con un objetivo y fuerte. Mysore me enseñó un montón de cosas y me ayudó a ser más disciplinada.

Cada día me levantaba a las 5:45 para estar en la escuela sobre las 6:16. Caminar a estas horas por las calles de Gokulam, que ya de por sí son tranquilas, es un gustazo y hace tanto fresquito que, a veces, hace falta tirar de algo de abrigo.

Sin pensármelo mucho, desenrollaba la esterilla y empezaba a practicar. Mis clases de yoga eran de estilo Mysore, que, por si te lo preguntas, se pronuncia “maisor”.

Si eres nuevo en esta práctica, posiblemente no tengas mucha idea, como yo antes de investigar un poco. El estilo Mysore es algo totalmente distinto a lo que te imaginas de una clase de yoga, pero es la forma en la que se practica tradicionalmente el ashtanga y se podría resumir así:

  • No necesitas empezar y terminar a una hora concreta.
  • No es necesario que tengas un nivel adecuado, cada uno hace su propia práctica personal.
  • No hay un profesor que guíe la clase, sino que el profesor enseña a cada alumno de manera personalizada las asanas (posturas). Si eres nuevo, te las mostrará poco a poco y, cuando ya las tengas interiorizadas, lo que hará es corregirte y guiarte para que las hagas mejor.

Es decir, no hay un grupo de gente que va siguiendo al profesor, sino que cada uno se concentra en su secuencia. Y, aunque te pueda parecer chocante o asustarte un poco como a mí al principio, es, sin ninguna duda, la mejor manera de aprender o avanzar en tu práctica. La razón es fácil, la enseñanza es súper personalizada. Tanto que parece una clase particular, aún rodeada de otros alumnos.

Los profesores del estilo Mysore, aunque tengan varios estudiantes, parece que tienen ojos hasta en la espalda y están siempre para ayudarte. Son conscientes de tus fuerzas y debilidades y cada día te ayudan a mejorar, haciendo que estés más motivado. Vas a tu ritmo, pero, al mismo tiempo, se crea un ambiente especial en la shala, ya que ves a tus compañeros 6 días a la semana y llegas a entablar preciosas relaciones como la que creé con Minu, una simpatiquísima madre india que me invitó varias veces a su casa.

Yo me decanté por practicar ashtanga y, aunque pueda parecer un poco tedioso, ya que siempre sigues la misma serie (tienes hasta 6, pero lo habitual es que casi todo el mundo se centre en la 1ª), fue la mejor decisión que tomé. La primera serie de no es sencilla y es prácticamente imposible acabarla entera bien a no ser que lleves muchos años practicando yoga, pero te ayuda a varias cosas, entre ellas, a ser mucho más consciente de lo que estás haciendo.

No haces una asana por hacerla mal y rápido al ritmo de todo el mundo, sino que te esfuerzas por perfeccionarla y, cuando ves que mejoras, te notas mucho más motivada. El ashtanga, además, te ayuda a crear tu propia rutina en la que no necesitas un profesor en cada clase, por lo que es una de las grandes ventajas de los que tenemos una vida tan dispersa como la mía. Finalmente, practicarlo me hace tener una paz mental y vivir ese mismo instante en el que estoy.

sala de yoga en Mysore

Viajar sola a India y no estarlo

Recuerdo esas mañanas en Mysore con mucho cariño. Luchaba conmigo misma y Nikhil (mi profesor), aunque serio, me trataba con mucho cariño, mano izquierda y profesionalidad. Sudaba a chorros durante un par de horas, pero luego me sentía bien. Muchas veces, Minu nos invitaba a mí y a la que fue mi pilar en India, mi vecina Kangan, a su casa a tomar un té o desayunar. A las 9 de la mañana todavía tenía mucho día por delante.

Tras una buena ducha, solía trabajar unas horas, descansar, salir a comer algo rico o, simplemente, pasar unas horas hablando con ella. Vivíamos puerta con puerta y una conversación casual poniendo lavadoras nos unió para el resto de semanas y llevó este viaje a India a una nueva dimensión.

De Bangalore, Kangan aterrizó en Mysore con ganas de hacer un poco de vida fuera de la casa de sus padres. Economista y enamorada de un chico inglés, pero de padre bangladeshí, estaba a la espera de que le concediesen su visado para volver a Reino Unido y comenzar su vida con él. Como yo, buscaba una pausa en una ciudad distinta, aunque esta solo estuviese a 2 horas de casa, y practicar algo de yoga.

Gracias a ella conseguí entender un poquito mejor la sociedad india sin dejarme guiar por los esterotipos que vemos únicamente en la calle. Jainista, me habló de multitud de dioses, pero también del feminismo en India, la gastronomía o la importancia de la meditación, entre miles de asuntos más. Gracias a ella, comprendí y quise un poco más a India.

Siguiendo con mi rutina en Mysore, a las 16:30 caminaba apenas 3 minutos para llegar a la otra shala de yoga. Aunque iba a la misma escuela, por las tardes impartían las clases en esta sala, donde me esperaba Deepika. Ella me dejaba escoger entre hatha y ashtanga, pero la mayoría de las veces optaba por el segundo. Para ser sincera, aunque siempre estaba dispuesta ayudar, su poquísimo nivel de inglés de la profesora y su poca implicación, junto a mi cansancio y la ubicación de esta sala (mucho más ruidosa que la de la mañana) hacía que disfrutara mucho menos las clases. Aun así, salía feliz conmigo misma, bebía un coco fresco del puestecito de enfrente, le compraba unos plátanos al mismo señor del carromato y, de nuevo, a la ducha antes de empezar a cocinar.

Cambiando mis hábitos de manera radical, intentaba dormir antes de las 22:00 para poder tener energía para el día siguiente. No era demasiado complicado, caía rendida en cuanto apagaba las luces.

Como ves, seguía una rutina casi monástica. Una rutina que me sanó y me gustó tanto que no pude evitar las lágrimas al marcharme. A día de hoy, varios meses después, sigo soñando con volver a Mysore y mi plan para 2020 era regresar en algún momento. El dichoso bicho lo sigue impidiendo, pero, aunque suene cursi, Mysore es ya una parte de mí y me acuerdo de ella cada vez que me subo a la esterilla.

La práctica de yoga también ha sido mi salvación durante esta cuarentena, alejando la incertidumbre entre asanas y moviendo un cuerpo que muchas veces solo tenía ganas de estar tumbado esperando a tiempos mejores.

interior palacio de Mysore

Datos prácticos para disfrutar de Mysore

Ya te he contado un poquito de mi experiencia practicando yoga en Mysore, pero aquí te doy algunos datos prácticos que a mí me hubiesen venido genial a la hora de planificar esta aventura.

Escuelas de yoga en Mysore

Has venido aquí porque querías hacer yoga en Mysore, ¿no? Pues lo más importante es escoger escuela. Si ya tienes claro que vas a ir con Sharath o Saraswathi, no tienes mucho que pensar, pero, si estás tan perdida como yo al principio, échale un vistazo a estas, que fueron las que me recomendaron:

  • Yoga Baratha: es la que yo escogí y, la verdad, era lo que necesitaba. El turno de la mañana con Nikhil es muy bueno, ya que no lleva a mucha gente y hay una bonita mezcla de locales y extranjeros, lo que te da la oportunidad de tener una inmersión en Mysore más profunda. Él, como profesor de Mysore style, me parece muy bueno. Es muy serio, pero muy profesional y te va a ayudar a avanzar aunque estés en el nivel más básico. Además, las clases de la mañana se celebran en una shala mucho más aireada y tranquila que la de la tarde. Esta es una subescuela de Indea Yoga, que hacen YTT de Hattha y Ashtanga Vinyasa.
  • Linga Ashtanga: escuela de yoga en Mysore liderada por Jaiprakash. También tienen clases de meditación.
  • Mysore Three Sisters: estas hermanas estudiaron con Pattabhi Jois, así que también son muy reconocidas en el mundo del ashtanga. Lo malo es que el estudio no está en Gokulam.

Cosas chulas en Mysore

En este artículo me he centrado en el yoga en Mysore, pero la ciudad merece mucho la pena. Aunque no tiene tantos atractivos como otros lugares de India, la verdad es que puedes echar un par de días dando vueltas por el centro y disfrutarlo mucho. Si, como yo, vienes más tiempo, tienes varias excursiones interesantes de medio día o un día completo accesibles en bus. Aquí te cuento lo que, en mi opinión, es lo mejor:

  • Mysore Palace: es el principal atractivo de Mysore. Se trata de una preciosa construcción de comienzos del siglo XX, de un claro estilo británico, ya que fue obra del arquitecto inglés Henry Irwin. Es la residencia oficial de la dinastía Wadiyar. La visita es muy interesante, ya que incluye audioguía gratuita. No te pierdas la iluminación nocturna, tienes los horarios aquí.
  • Jaganmohan Palace: esta fue la residencia de la familia real tras el incendio del Mysore Palace. Aunque no es, ni mucho menos, tan impresionante como el anterior, guardan una enorme colección de arte que te ayudará a entender mejor la historia de Mysore, ya que la visita incluye una audioguía. Lo más impresionante es la última sala, llena de frescos.
  • Chamundi Hill: no muy lejos del centro de Mysore, está esta colina que no solo ofrece unas vistas muy bonitas de la ciudad y alrededores sino también la posibilidad de conocer uno de los templos más visitados por los hindúes. El Chamundeshwari Temple está dedicado a la diosa Chamundi o Durga, diosa de la guerra y protectora. ¿Cómo llegar? Puedes hacerlo o en el bus 201 o, si te ves con energía, subiendo los 1008 escalones. No te va a llevar más de 90 minutos subir, pero procura hacerlo a primera hora de la mañana, que hace menos calor. Te aconsejo ir bajando por las escaleras y visitar el toro sagrado o Nandi.
  • Devraja Market: es el bazar más importante de Mysore y, aunque no es comparable en tamaño a otros que verás en India, a mí me resultó muy interesante, sobre todo las dos calles dedicadas a las flores. Es increíble pasear por ellas, una dedicada a la venta de flores a granel y la otra de guirnaldas de flores para los templos.
  • Kukkarahalli Lake: es uno de los parques más agradables de Mysore y, si tienes ganas de caminar o correr, este es tu sitio. El sendero rodea al lago y es un sitio de ocio para los habitantes.
  • Catedral de Santa Filomena: iglesia católica de estilo gótico construida en 1936.

🔅 Te lo cuento todo en Qué ver y qué hacer en Mysore.

gente vendiendo flores en el mercado de Mysore

Excursiones desde Mysore

  • Srirangapatna: a unos 40 minutos en bus de Mysore está esta ciudad histórica a la que merece la pena hacerle un hueco. Fue la capital de Mysore durante unos años y, por ello, vas a poder visitar el Palacio de Verano, construido por el sultán Tippu en 1784 en estilo indo-sarraceno. Lo más bonito de él son los frescos, que te muestran con todo lujo de detalles escenas de esta época. Además, aquí también está el Sri Ranganathaswamy Temple, dedicado a la deidad Ranganatha y un importante lugar de peregrinación para los hindúes.
  • Nanjundeshwara Temple: este es otro de los lugares de peregrinación del sur de India y una excursión interesante si estás en Mysore. Está dedicado a Nanjundeshwara, otra forma del dios Shiva.

Nanjagud temple desde Mysore

Restaurantes recomendables en Gokulam y Mysore

Hay que reconocer que otro de los grandes atractivos de ir a practicar yoga en India es hincharse a comer. A mí la comida india me pierde y, tras haber viajado por tantos países en los que es difícil encontrar comida vegana decente, es un paraíso. Aquí van mis favoritos:

  • Depth N Green: es el lugar de reunión yogui por excelencia. En mi opinión, lo mejor que tiene este sitio son los thalis, que son enormes y a buen precio. También hacen pizzas, hamburguesas, batidos y demás, pero caretes.
  • Chakra House Café: uno de los mejores sitios donde comer en Gokulam y con una buenísima relación calidad-precio. Tienen tofu rico y wraps (prueba el de ragi). Además, es un sitio súper agradable para echar el rato y dan clases de yoga.
  • Green House: no sé por qué estaba casi siempre vacío, pero es uno de los sitios más baratos para comer y los platos que hacen están ricos. La tortilla vegana está buena, así como el dal y los chapati.
  • Zen Kitchen: otro sitio súper agradable junto a uno de los parques de Gokulam. Tienen una selección de curris enorme, en los que puedes elegir el grado de picante (y lo respetan). Batidos y zumos ricos.
  • Minimal Coffee: si echas de menos el café, esta minúscula cafetería es una joya. No es barato, pero, desde luego, saciará tus ansias de cafeína.
  • Mylari Hotel – Agrahara: aquí nos llevó nuestra amiga Minu, local de Mysore, porque cocinan las dosa más famosas de la ciudad. El sitio es súper humilde, pero lo cierto es que tanto las dosas como los idli son maravillosos. Toda una experiencia.
  • Cafe Aramane: si buscas un sitio para comer cerca del palacio, este es muy agradable. Es un poco más caro que otros, pero ni de lejos se acerca a los precios de Gokulam.
  • Indra Café Paras: caí aquí de rebote y me comí un thali enorme en la segunda planta. Está al lado del mercado, así que te viene genial si estás explorando el centro.

restaurantes de Mysore

Tiendas interesantes en Gokulam

La comida india es brutal, pero, si te gusta prepararte tus propios desayunos o cocinar, en Gokulam vas a encontrar varias tiendas de productos sanotes maravillosas y a buen precio. Estas eran mis favoritas:

  • Hasiru Organics: tienen un montón de libros de yoga, pero también productos para cocinar como la quinoa y bollería rica y vegana. Además, venden productos de cosmética y complementos alimenticios. También tienen un restaurante anexo, pero nunca llegué a probarlo porque se ve que la cocinera estaba de vacaciones.
  • Cocoa Vault: te hacen leche de almendras al instante y te la echan en tu botella reutilizable. Además, tienen un montón de pijaditas, incluyendo ricas power balls veganas. La pareja que lo lleva es súper agradable.
  • Dhatu Organics: aunque tendrás que caminar un poco, es la tienda más grande para comprar productos orgánicos, complementos y demás. El restaurante anexo, aunque caro, sirve comida rica.

Cómo llegar a Mysore

Lo mejor es que busques un vuelo a Bangalore, pero, si vienes desde España como yo, te aconsejo que estudies diferentes combinaciones para ver qué te sale a cuenta. A mí me salía más barato volar a Mumbai y desde ahí coger un vuelo a Bangalore con una de las low cost indias. En este último paso, recuerda comparar cómo te sale el tema de facturar equipaje, ya que algunas compañías cobran.

Vuelos a Mumbai

Vuelos a Bangalore

Una vez en Bangalore, solo tienes que ir a la estación de autobuses que hay en el propio aeropuerto y buscar la taquilla del Flybus. La identificarás fácilmente. Esta es una línea de buses de tope lujo y cara para ser India, pero, desde luego, es la alternativa más cómoda. Salen más o menos cada media hora y llegan a la estación de Mysore en unas 4 horas (según tráfico). El billete cuesta 800 rupias.

Se puede reservar por internet, pero yo solo pude hacerlo desde Mysore, no sé por qué motivo la página web de la KSRTC (la de la compañía de buses de Karnataka) no me funcionaba ni para consultar horarios. Aun así, no te preocupes, puedes comprarlo en taquilla y si no queda para el siguiente, tendrás que esperar un poco más. En el aeropuerto tienes un montón de cafeterías y restaurantes, así como asientos.

Otra posibilidad es contratar un taxi privado. En este grupo de Facebook siempre se suelen ofrecer conductores por unas 2.500 rupias y puedes buscar a gente para compartir. También está la alternativa de coger un tren desde Bangalore a Mysore, pero, si has venido en avión, es mucho más lioso, ya que tendrás que ir del aeropuerto a Bangalore y muy cerca no están.

Recuerda que para entrar a India necesitas tener un visado. La llamada e-Tourist visa puede hacer online a través de este enlace oficial. No es necesario que lo hagas por agencia, es muy fácil hacerlo por tu cuenta. Puedes elegir entre un visado de 30 días, un año multientrada o 5 años multi-entrada desde la fecha en la que entras. Suelen procesarlo en uno o dos días, pero te aconsejo que lo hagas una semana antes, por si acaso.

Dormir en Mysore

Como te comentaba, yo busqué el contacto del dueño de mi alojamiento e hicimos un acuerdo verbal. La verdad es que sus apartamentos son estupendos y los limpian más o menos cada semana. Si quieres su contacto, déjame un comentario y te lo doy encantada.

Aun así, otra buenísima alternativa es alojarse por la zona e ir mirando in situ. Caminando por Gokulam vas a ver muchos carteles de “se alquila habitación”, también puedes acudir a los grupos de Facebook, que se mueven mucho.

Sitios recomendables para alojarte en Gokulam las primeras noches y buscar: Tusker House, Red House Yoga Center, Raccoon Rooms y Varsha Enclave.



Booking.com

Algunos consejos de mi cosecha para hacer yoga en Mysore

  • Si no tienes pensado atender a las clases de Sharath Jois, te aconsejo evitar los meses en los que las imparte. No solo hay mucha más gente (lo cual también es cierto que le da vidilla), sino que el alojamiento vuela y es más caro.
  • Yo fui a Mysore entre septiembre y octubre y me pareció una época ideal porque ni hacía mucho calor ni llovía mucho. Algún chaparrón me cayó por la tarde, pero nada serio. La temporada seca y más calurosa va de diciembre a marzo.
  • Si, como en mi caso, no has practicado yoga con mucha regularidad antes, no seas tan bruta como yo y no te apuntes a 2 clases diarias. Te aconsejo que empieces con una clase al día y después vayas viendo.
  • Si tienes pensado practicar con Saraswathi, la hija de Pattabhi Jois, apúntate a este grupo y mira cuándo va a dar clases, ya que no son todo el año.
  • Bájate las app de Ola Cabs, Jugnoo, Uber y Rapido porque te servirán para moverte por la ciudad sin tener que negociar los transportes. Con las 3 primeras puedes pedir rickshaws, que salen muy baratos, sobre todo con la 2ª. Rapido es para motos.
  • Si conduces moto y ves que quieres más libertad, puedes alquilar moto por todo el período que estés. Yo no la eché de menos porque todo lo que necesitaba estaba en Gokulam y podía moverme caminando. Para ir al centro, cogía el bus. La red de buses funciona bastante bien en Mysore y es fácil de entender.
  • Lleva bastante ropa de deporte. Como viajo durante muchos meses al año, procuro no ir cargada, pero en el caso de Mysore, creo que es necesario ir con bastantes cosas. Haciendo ashtanga se suda muchísimo y, teniendo en cuenta que iba a 2 clases diarias, me quedé corta. Tuve que recurrir muchísimo a las lavadoras (imprescindible que tu alojamiento las tenga) y hacer encaje de bolillos. Afortunadamente, hacía calor y la ropa se secaba rápido.
  • Es aconsejable, por temas higiénicos, que tengas tu propia esterilla. Yo tengo una de viaje como esta que no pesa demasiado.
  • Para salir a descubrir Mysore, te aconsejo llevar pantalones largos o que cubran la rodilla holgados y frescos, así como camisetas de algodón también un poquito sueltas. Puedes vestir como quieras, pero yo prefiero ir así para ahorrarme miradas o comentarios.
  • Los grupos de Facebook en Mysore se mueven mucho y sirven tanto para alquilar piso, como para enterarse de eventos chulos (clases de pranayama, meditación, conferencias…) y restaurantes. Este es el que más me gusta.
  • Para manejarme con el dinero, lo hacía con las tarjetas de Revolut, N26 y Bnext (que no cobran comisiones por retirar) en el cajero que hay cerca de la KPJAYI. A veces, misteriosamente, unas tarjetas iban y otras no, así que lo mejor es que viajes con todas las que puedas.
  • En cuanto a vacunas, fui a un centro de vacunación internacional antes de viajar con mi cartilla para que viesen las que ya tenía puestas y su fecha de caducidad. En mi caso, me aconsejaron un recuerdo de la fiebre tifoidea y el cólera, ambas son orales. Te aconsejo que pidas cita en uno de ellos y preguntes.
  • En India vas a encontrar de todo, pero no está de más llevar probióticos y algún medicamento para la diarrea.
  • Yo me puse internet en el móvil y lo gestioné poniendo una tarjeta SIM local en Mumbai en una tienda de Airtel, pero podrás hacerlo en Mysore también. Es baratísimo.
  • Viaja con seguro de viajes. Yo tuve la “suerte” de ponerme enferma con fiebre, vómitos y diarrea y tuve que ir al Columbia Asia Hospital, que es uno de los mejores de la ciudad. Mi seguro se ocupó de todo. Aquí tienes un 5% de descuento en tu póliza.

Mapa con mis favoritos en Mysore

Para que te orientes un poco mejor cuando estés allí, te dejo este mapa en el que encontrarás los sitios que te he recomendado:

Espero, de corazón, haberte ayudado a diseñar tu aventura de yoga en Mysore o, quizás, haberte convencido a dar ese paso que no te atrevías a dar. Si tienes cualquier duda, por favor, no dudes en contarme en los comentarios.

Namasté.

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