El tercer billete de ida

Me ha pillado el toro, casi cuatro meses en casa y no he sido capaz de escribir estas líneas. Otra vez estoy de nuevo en el aeropuerto, hecha un flan y con mil sentimientos diferentes al mismo tiempo, como aquel 4 de junio en el que salí de casa con una mochila cargada de ilusiones.

Compré un billete de ida (de vuelta) simplemente porque me apetecía, porque viajar no es una obligación. Se viaja para ser feliz, para descubrir, amar, reír, echar de menos, para, como decía Gabriel García Marquez, intentar cambiar. Y eso es lo que he hecho estos meses, en un lugar no tan lejano del que nací.

Puesta de sol Boracay

Hoy, otra vez, vuelvo a embarcar con un billete de solo ida porque así lo siento. Esa sed de aventura no ha cesado por mucho que los míos me hayan colmado de cariño, mimos y besos; por mucho que haya vuelto a recorrer las calles de Madrid en las que he sido tan feliz y visto cómo florecían las flores de Córdoba, las más bonitas del planeta.

En unas horas me encontraré con la mochila a cuestas en la ciudad de los inmensos rascacielos, Hong Kong, y después iré a un lugar en el que dejé un trozo de mi corazón. Voy a recorrer Filipinas durante dos meses (por los menos), sin prisas, por tierra y en barco, dejándome llevar tanto que no tengo nada planeado. Solo sé que voy a quererla aún más de lo que la quiero y, aunque se dice que es mejor no volver a los lugares en los que fuiste feliz, sentía que tenía que hacerlo y que este viaje “solo ida” quedaría cojo sin mis 7.000 islas.

Rizal Madrid

Me apetece saborearla, fotografiarla y contarla. Hacerle justicia. Así que de ahora en adelante pienso hacer que queráis amarla tanto como yo.

No solo eso, los acontecimientos tontos a los que ya me estoy acostumbrando en esta vida que llevo tan aleatoria han hecho que dentro de unos meses vaya estar en Nueva Zelanda con un visado de trabajo-vacaciones. Me van a tener en el país kiwi por unos meses dando la lata. Pero eso será más adelante.

mochilas totto solo ida

Gracias a todos los que me han apoyado estos meses, que me han dado fuerzas para seguir firme como aquel día que decidí vestirme de loca. Gracias a todos los que me habéis leído estos meses y me habéis hecho sentir acompañada en la distancia.

De nuevo, HOLA MUNDO.

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