Esos nómadas del camino

Nómada.

(Del lat. nomas, -ădis, y este del gr. νομάς, -άδος).

1. adj. Que va de un lugar a otro sin establecer una residencia fija. Apl. a pers., u. t. c. s.

2. adj. Propio de los nómadas. Cultura nómada.

3. adj. Que está en constante viaje o desplazamiento. Familia nómada. U. t. c. s.

El día en el que comuniqué a mis compañeros que dejaba el trabajo cada uno me dijo una cosa diferente. Me encantaría haber tenido una cámara y haber grabado tanto las reacciones de cada uno de ellos como las mías. Supongo que poco podían imaginar que esa niña “buena” que comía tuppers en la cafetería de forma tan pensativa estaba a punto de pasarse a vivir su vida en chanclas. Ese día me puse nerviosa, me relajé, sonreí, reí, lloré, abracé mucho y recibí muchísimas palabras bonitas.

Cuando se lo conté a mis padres (que tienen el cielo ganado) lo entendieron, la cabra tiraba para el monte pero nunca lo había hecho en solitario y fue eso lo que más les sorprendió, al igual que a mis compañeros de fatigas.

Por primera vez, sola, sin billete de vuelta… y mujer. Sin embargo, yo sabía que solamente estaría sola si lo quisiese. Solamente hay que darse una vuelta con los ojos bien abiertos por el mundo o incluso por tu propia ciudad para ver que hay muchísima gente viajando sola por poco tiempo, por mucho, de manera indefinida.

Nómadas del camino 1

Ser nómada

Encontrar a “nómadas” es, cuando menos, curioso pero también reconfortante. Salirse de la rueda, ya sea de manera temporal o indefinida es duro. Dejar parada una carrera profesional, pensar en haber invertido tanto tiempo en el estudio son hechos que todavía me provocan un pinchacito en el corazón. Sin embargo, en este tiempo he aprendido a relativizar y sé que todo lo que hice me hizo ser lo que soy, ver lo veo de una manera que posiblemente sea diferente a como hubiese sido.

Otro punto es el de la edad. ¿Lo hice tarde? No siento que lo haya hecho tarde, pienso que lo hice cuando tenía que hacerlo. De cualquier manera, ¿cuándo es tarde? También sé que de esto aprenderé lecciones que me valdrán para toda la vida.

Creo que ser nómada se lleva en el corazón. A algunos, entre los que me incluyo, nos gusta ser nómadas porque somos adictos a una sensación constante de cambio y viajar es la máxima representación de todo esto, algo así quise expresar cuando escribía sobre qué es lo que más me gusta de viajar. Nunca se deja de ser nómada por mucho que un viaje acabe o que te establezcas de manera temporal en algún lugar. En mi opinión, el nómada tiene ganas de aprender, de enriquecerse, de afrontar nuevos retos y no me malinterpreten, no hablo de aquellos que, por desgracia, han tenido que salir de su ciudad o país para buscar una fuente de sustento, sino de quienes necesitan estar en constante movimiento.

Viajando encuentras, como en la vida, personas de todo tipo. Viajan en grupo, en familia, en pareja, en solitario… Familias con cuatro niños menores de 12 años, jóvenes que acaban de acabar la carrera o que ni la han empezado o gente, que como yo, un día decidió dar un giro después de unos años en el mundo laboral.

Y todo esto viene a que me doy cuenta de que, supongo que por afinidad, siempre me he terminado relacionando con personas que salieron un día de su casa para viajar en solitario y que se plantearon cosas muy parecidas a las mías.

Viajando solo se conoce a muchísima gente, más que haciéndolo de cualquier otra manera, y con ellos compartí momentos especiales entre rincón y rincón intercambiando confidencias y opiniones de cualquier tipo, algo que muchas veces salen casi solas cuando se habla con extraños. Extraños que no necesariamente son como yo, personas criadas y educadas de maneras muy diferentes y en lugares distintos, con ideales e ideas políticas muy diversas pero todos con la misma inquietud: la de mantenerse en movimiento, la de no tener ganas de echar raíces por el momento, la de querer dejarse llevar por una vez y conocer sin ataduras el inmenso mundo que tenemos ante nosotros y cometer, de una vez por todas, la locura que siempre habían imaginado.

Nómadas del mundo 2

Esos nómadas

Hoy me apetecía contaros la historia de algunos de ellos, las de algunos nómadas que marcaron mi camino:

1. María (Brasil): ex-ingeniera de telecomunicaciones, gerente de proyectos con doce años de experiencia. Energía, autoridad y puro sentimiento escribiendo. Compró un billete a India con vuelta para dos meses, se movió hacia Tailandia, donde la conocí, volvió un año después a Brasil porque no le quedaba más remedio. El viaje le ha cambiado la vida para siempre y estoy segura de que encontrará su camino, uno muy diferente al que tenía

2. Gema (España): ex-ingeniera informática con catorce años de experiencia. Nos unió Fitur y no nos separó virtualmente hasta que pasamos casi dos meses juntas en viajes intermitentes por Tailandia y Laos. Un ERE le dio el empujón para hacer algo que siempre le había apasionado. Salió de Madrid en junio de 2014 y actualmente anda dando la lata por Australia. Pura sinceridad y corazón, Gema se hizo profesora de yoga en Bali (Indonesia) y viaja practicando su pasión y, estoy segura, su futuro trabajo. Podéis encontrar más información sobre ella en su web.

Nómadas del mundo Gema

3. Jason (Estados Unidos): ingeniero informático, quince años tras las pantallas de ordenadores. Un día rompió con su vida en Colorado e inició una vuelta al mundo indefinida en Fiji allá por marzo de 2014, ahora mismo con la mochila en Alemania. Tímido y poco hablador, vaga por el mundo sin rumbo, haciendo amigos, sin fecha de vuelta.

4. Sylvia (Chile): diplomada en turismo, culillo inquieto y sonrisa permanente. Santiago de Chile la agotaba, después de unos cuantos trabajos en hoteles en su país, salió a conocer Oceanía. Asia la atrapó y dos años después sigue recorriendo países y alternando trabajos sin pensar en el regreso.

5. Val (Argentina): profesora de Educación Física. Nueve años en Barcelona fueron suficientes para esta porteña con ganas de comerse el mundo. Val necesitaba un cambio de vida, Nueva Zelanda era su sueño y comenzó en febrero. Brava, optimista, sonriente, ahora de vuelta en Camboya trabajando sin fecha de vuelta a “casa”.

Y todos esos, por aquel entonces extraños nómadas, han acabado siendo mis amigos.

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