Aprendiendo a caminar en China: Dali

Yo no soy mucho de rubios pero aquel día en la estación de autobuses de Kunming corrí hacia uno de ellos como si mi vida dependiese de él. Venía de una travesía Luang Namtha (Laos) – Boten – Jinhong – Kunming de 23 horas en un bus destartalado y un sorprendente cómodo autobús-cama chino, no tenía manera de comunicarme con nadie y Simone fue como una aparición.

Viajar es un placer pero hacerlo barato a veces no es tan bonito. Cerré la mochila a las 7 de la mañana, me embarqué en el primer sogthaew a la estación de autobuses y compré el billete para el primer y único autobús hacia una megaurbe china en la que todo lo que había que ver se reducía a un lago prefabricado y el paso del río Mekong.

Empezaba el idilio con la comida china.

Empezaba el idilio con la comida china.

Era la única occidental en el bus y a unos cuantos kilómetros a la redonda. Después de cruzar la frontera, hicimos parada en la ciudad fantasma de Boten, lugar en el que empecé a pensar que a mis bancos no les gustaban los bancos chinos. Recé a Buda para que llegásemos a Jinhong antes de que las sucursales bancarias cerrasen y debió de hacerme caso, aunque me regaló una refrescante caminata bajo la lluvia y con mochilas en busca de una oficina.

Lost in traslation. China es sentirse incomunicado, observado a cada paso que das. Rodeada de gente y a la misma vez más sola que en ningún otro país. Hay que cogerle el ritmo y aprender a viajarla y a intentar comprenderla, aunque sea prácticamente imposible.

Entenderte no te entenderás pero sonríe, que es el idioma universal.

Entenderte no te entenderás pero sonríe, que es el idioma universal.

Aún no sé cómo hice ver a las chicas del banco que mis tarjetas no funcionaban pero me indicaron que tenía que ir a un Bank of China a unos minutos caminando de allí. Con el tema del dinero solucionado, compré el billete de bus a base de muchas señas y “solo” tuve que esperar unas seis horas a saliese hacia Kunming, la capital de la región de Yunnan.

Tras una noche recorriendo carreteras chinas liada entre edredones y protegida por mi saco-sábana como si fuese un búnker, me escupieron en un aparcamiento en el que reinaba el caos. Agarré mi mochila como pude, sin guía y sin saber en chino más que ni hao, no tenía ni la menor idea de lo que hacer. Así fue cómo se cruzó Simone en mi vida, un rubiales italiano casi ovetense y estudiante de chino en Pekín.

¿Hacia dónde vas?“, casi le imploré. Confucio quiso que los dos nos encaminásemos hacia la estación de trenes, donde decidí por impulso avanzar ese mismo día hacia Dali con él.

Majestuosa (y recontruida) Dali.

Majestuosa (y recontruida) Dali.

Las raciones de China se van sucediendo como bofetadas. A pesar de haber estado unas cuantas veces en el Gigante Asiático, viajando de esta nueva manera me sentía como un bebé en pañales, como un pez fuera de una pecera en la que es imposible comprender qué pasa dentro.

La estación de trenes de Kunming es como una gran colmena que intento imaginar desde el techo. Los controles de seguridad están por todos sitios e intentar adivinar hacia qué ventanilla tienes que ir es una misión casi imposible. Con la ayuda de una pareja de turistas, damos con una chica china que entiende algo de inglés y a la hora siguiente ya estamos sentados en nuestros asientos hard seat hacia una de las principales ciudades de esta región de China, Dali.

Aunque ya son 30 horas viajando, el sueño sigue sin vencerme, el vagón de tren es demasiado interesante como para dormir.

Se hace de noche, el tren ha ido parando demasiado y se retrasa más de una hora de lo previsto. La estación de Dali está a unos 10 kilómetros de la zona antigua de la ciudad, así que cogemos el autobús que nos termina dejando en lo que parece ser un pueblecito de casas bajas. No me preguntéis por qué pero me teletransporto a una aldea del sur de España, a un pueblo andaluz en una noche de verano. Las mesas en la calle, la gente en sus sillas disfrutando del fresco de las últimas horas del día. Es curioso cuánto se buscan las comparaciones viajando.

Los fascinantes mercados chinos.

Los fascinantes mercados chinos.

Finalmente Simone me abandona, ha logrado contactar con una amiga china que vive a las afueras. Son las 10 de la noche y las mochilas pesan ya demasiado. Encuentro el primer albergue y me acurruco entre los edredones porque, aunque estamos en verano, la primavera estival de Yunnan me va a acompañar durante un tiempo. Mañana será un nuevo día.

Duermo sola en la habitación del hostel pero a las 8:30 me la han invadido un grupo de jóvenes chinos con ganas de juerga. ¿No iba esto de dejarse llevar? Paso con ellos la mañana entendiéndonos como podemos y pedaleamos hasta el lago Er Hai. Sin embargo, el sol brilla fuerte, el calor aprieta y mis compañeros deciden que es mejor volver a la ciudad para pasar el día a base de cervezas y karaoke. Yo me he quedado con ganas de más y descubro en solitario los pequeños pueblecitos a la orilla del lago que todo el mundo parece pasar de largo.

La vida en el lago Er (Er Hai).

La vida en el lago Er Hai.

Intento grabar en mi memoria los campos de arroz y otros vegetales salpicados de sombreros de paja con el escenario de las aldeas blancas y azules al fondo. Ni en Xi’An, Pekín, Shanghai, Huangzhou o Hong Kong me pasó aquello de imaginarme en la China que siempre había imaginado. Las casas de estos pequeños pueblos de Yunnan me emocionan al pensar hasta dónde he llegado yo solita.

Vuelvo a la ciudad para comer en un restaurante regentado por la etnia musulmana Hui, una de las veinte etnias de la región de Yunnan que me robarán el corazón. Los trajes típicos de cada una de ellas, los rostros de la gente de esta parte del mundo son las cosas que me sacan una sonrisa cuando pienso en mis días allí.

No he encontrado región más fotogénica que Yunnan.

No he encontrado región más fotogénica que Yunnan.

Con la barriga llena, llega el turno de explorar los mercados chinos, el Templo de las Tres Pagodas y la propia Dali. Podría decir que esta ciudad es de cuento y no me equivocaría, Dali es una ciudad de cuento y chino. Y me explico: Dali es perfecta, cuidada, limpia, de calles empedradas y casas blancas y bajas con tejados grises y puntiagudos pero de tan bonita parece un escenario.

Dali tuvo que ser maravillosa pero ahora cada casa se ha convertido en una tienda o un restaurante, ha sido reconstruida hasta parecer falsa y la única manera de revivirla es levantándose bien temprano, cuando la luz es tenue y puedes pasearla a tu aire, entrando y saliendo por su muralla, recorriendo callejones, contemplando los coloridos torreones que hacen de puertas de la ciudad.

Símbolos de Dali, las puertas que dan acceso a la ciudad amurallada.

Símbolos de Dali, las puertas que dan acceso a la ciudad amurallada.

Extenuada, intoxicada por la cantidad de turistas que arrasan las calles, hago el último esfuerzo y salgo a cenar por la concurrida Rénmín Lù, donde cada noche se celebra un mercadillo nocturno que hace furor. Frente a un cesto de dumplings relajo las piernas y el cerebro. ¡Ay China, eres exquisitamente dura de roer!

El idilio con la comida china acababa de empezar...

El idilio con la comida china acababa de empezar…

Datos útiles

Tras dormir en un hostel en Chiang Khong (BaamRintaling, 100 THB en habitación compartida), en la frontera de Tailandia, avancé hacia la frontera con Laos. El songthaew hacia la frontera desde el albergue sale todo los días a las 8 de la mañana y cuesta 50 THB.

La frontera se hace a pie y en bus, atravesando el río Mekong a través de un puente. Únicamente hay que pagar 20 THB de este bus, así como los 35 USD que cuesta el visado laosiano para españoles.

En Laos, esperé a una minivan para ir hasta Luang Namtha. Me cobraron 350 THB, cosa que ahora mismo me parece demasiado y que estoy segura de que podría haber sacado por menos. Aún así, iba sola en ella y el viaje fue muy rápido.

La estación de autobuses de Luang Namtha está a unos 10 minutos en coche del pueblo y, aunque los conductores suelen pedir mucho más dinero, un precio justo a pagar son 10.000-20.000 kips.

En Luang Namtha estuve durmiendo en una guesthouse llamada Zuela. Limpia y bonita, aunque con dueños poco simpáticos, pagué 50.000 kips por una habitación doble con baño para mí sola. Alquilé una bicicleta un par de días por 15.000 kips y estuve recorriendo los alrededores, muy recomendable.

Salí hacia Jinhong (China) en el único bus que sale cada mañana a las 8 de la mañana. Las agencias de viajes de Luang Namtha piden muchísimo más dinero de lo que cuesta el billete en la estación, 90.000 kips. Llegué a la ciudad, tras cruzar la frontera china, a las 4 de la tarde. El visado chino lo puedes tramitar en Chiang Mai (Tailandia), como comenté aquí.

En Jinghong salen buses cada hora hacia Kunming, aunque suelen estar llenos. El trayecto de 10 horas en bus-cama cuesta 252 RMB.

Desde la estación de autobuses hay buses públicos hasta la estación de trenes de Kunming por 5 RMB. Hacia Dali puede irse en bus o en tren, aunque este último es más barato. El billete de tren cuesta 64 RMB en clase hard seat y tarda una 6 o 7 horas en llegar, es posible viajar en litera pero los asientos suelen estar ocupados. El hard seat es un tanto incómodo pero los vagones suelen estar limpios.

Para llegar hasta la ciudad antigua de Dali desde la estación de trenes basta tomar el bus urbano número 8 por 2 RMB. La última parada deja en la puerta norte de la ciudad, aunque también es posible bajarse en la puerta este.

En Dali dormí en un hostel llamado The Lily Pad, en las afueras de la muralla, junto a la puerta oeste. Es un hostel bastante nuevo (aunque un tanto sucio), aunque situado en una casa típica china. Suelen tener a becarios con ganas de charlar y dan todo tipo de consejos para explorar la zona. Pagué 30 RMB por la cama en habitación compartida de 6 personas con baño.

Alquilé una bicicleta de montaña junto a la entrada oeste de la muralla por 20 RMB, hay que negociarla bien, ya que suelen pedir más dinero. Con ella fui hasta el lago Er y pedaleé hasta que me cansé, es totalmente posible recorrer una zona del lago de esta manera.

La entrada al Templo de las Tres Pagodas cuesta 120 RMB, así que yo en este caso solo lo vi por fuera. Recorrer Dali andando es factible y aconsejable, ya que suele haber tanta gente por las calles que ir con la bici es incómodo. Puedes subir a algunas de las torres que se encuentran en las puertas de la muralla. Yo fui a la puerta Sur y no me cobraron nada por subir.

Yo salí hacia Shaxi desde Dali. Primero tomé un bus hasta Jianchuan (dos horas) por 41 RMB y una furgoneta hasta Shaxi (una hora) por 10 RMB.

Compartir es regalar amor...Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn