Cruzar fronteras

Cruzar fronteras es algo que 1) es tremendamente incómodo; y 2) da repelús.

Es una pesadez. Supone trámites. En el caso de hacerlo por tierra es el colmo: bájate del autobús/carricoche/furgoneta, carga con la mochila, aguanta la cola, comprueba que te han puesto bien el sello en el pasaporte, vuélvete a montar y repite la operación en el otro país. En todos los casos: llega y búscate la vida.

Repelús. No hay nada que ocultar pero la películas de después de comer de Antena 3 han hecho mella en tu subconsciente. Las caras de pocos amigos de aquel día en la menos amigable frontera entre Laos y China tampoco atemperaban mi miedo antes de sumergirme en la incomprensión total en la más absoluta soledad.

Shangri-la China

¿Y por qué volví a China con el miedo (¿será la palabra adecuada?) que le tenía? No había explicación. Quiero a Papúa Nueva Guinea sin apenas comprenderlo y Yunnan llevaba entonando cantos de sirena desde hacía unos cuantos años. El volumen de la canción parece que subió en un autobús tailandés, cuando de pronto resolví que cruzar Laos para llegar a esta región de la República Popular era el siguiente paso que tenía que dar.

¿Que sabía que la burocracia para que me diesen el visado era terrible? Vale. ¿Que me podría sentir más sola que la una? Bien. ¿Que tenía la total seguridad de que China es uno de los países más difíciles para viajar por libre? La Sra. Adrenalina gritaba: ¡perfecto!

Así que así fue como me vi en Boten (la primera ciudad fantasma tras atravesar la frontera laosiana) sin un solo yuan, pensando que a mis tarjetas de débito no les gustaba China y con un puñado de locales congregados alrededor de mi libreta y yo. A partir de ahora seríamos marciana ella y marciana yo.

China in traslation

Respeto y adrenalina. Eso es cruzar una frontera. Empezar de nuevo, ponerse de nuevo los pañales y andar titubeante.

En Chiang Khong, la última ciudad de Tailandia antes de Laos, me senté a contemplar el Mekong antes de que se hiciera completamente de noche. Miraba a la otra orilla intentando sacar conclusiones de lo que sería el otro lado. Por lo menos, igual de verde sería.

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Cada una es un mundo. Unas grandes, otras pequeñas. En unas vas con mochila, en otras con las manos vacías.

Cruzar fronteras puede ser incómodo (difícil a veces) pero nada se puede comparar a la ilusión, a la nueva mirada que te regala el simple hecho de atravesar esa pequeña línea que separa dos países. ¿O de qué tipo de fronteras estoy hablando?

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