Hacia el sur de Sri Lanka: Ella, Tissa y el Esala Perahera de Kataragama

La niebla le daba un toque británico a la pequeñísima estación de trenes de Nanu Oya. Los cuervos paseaban a su gusto y graznaban por el andén mientras algunos miraban ya nerviosos el reloj. De nuevo, el tren llegaba tarde.

Ya en el vagón, no era difícil quedarse hipnotizada viendo cómo el tren atravesaba innumerables colinas de té y bosques de pino entre los que la niebla dormitaba. Pero, como si de magia se tratara, la neblina, la lluvia, los pinos y el té dieron paso de nuevo a las palmeras y al sol a mitad del viaje.

Unos cuantos locos nos colgábamos de las puertas del tren a ver el paisaje ¿He contado ya lo especial que es viajar de esta manera por Sri Lanka?

Miradas curiosas en los trenes de Sri Lanka

Miradas curiosas en los trenes de Sri Lanka

Ella está compuesta por escasamente una calle en la que hostales y restaurantes se amontonan junto a tiendas en las que se venden short eats casi a borbotones. Este enclave del “montañismo” ceilanés, se presta a ser descubierto a base de trekkings, paseos por las vías del tren y la búsqueda de alguna que otra catarata en la que refrescarse antes de reposar en las cálidas playas del sur de Sri Lanka.

Aún resentida de los días anteriores y en baja forma, comencé la ascensión a Little Adam’s Peak con más miedo del que debía. A veces las guías de viaje aportan más que conocimiento un temor totalmente injustificado y eso es lo que la Lonely Planet hacía en este capítulo dedicado a aquellos que quieran subir a esta cima en solitario.

Sin embargo, llegar a la cumbre del Pico de Adán en pequeño a solas (incluso siendo mujer) es juego de niños. Un camino de tierra perfectamente señalado circula entre campos de té y desemboca en una pequeña escalera. En treinta minutos ya tenía ante mí unas bonitas vistas de la Suiza esrilanquesa.

Las vistas desde Adam's Peak, Ella

Las vistas desde Adam’s Peak, Ella

Como me viene ocurriendo, la soledad me duró bien poco y una encantadora pareja de Madrid me acogió para cenar. En cambio, Francesc y Joan me salvaron en un momento que me hizo sentir pequeña e indefensa mientras me debatía entre andar la vías del tren por mi cuenta o no hacerlo tras recibir una “amable invitación para visitar el apartamento” de quien pasaba también por allí.

Tras tan “acogedoras” palabras, me agazapé entre arbustos de té a la espera de que el tren pasase por Nine Archs y volví por donde había venido. A veces una maldice tanta ausencia de humanos a su alrededor…

Nine Arch Bridge en Ella

Nine Arch Bridge en Ella

Con estos dos catalanes acabé paseando unos cinco kilómetros hasta la estación de trenes de Demodara bajo un cielo que amenazó lluvia y terminó dándola, cruzando sonrisas con niños que volvían del colegio siguiendo las vías del ferrocarril.

Por las vías del tren en Ella...

Por las vías del tren en Ella…

Como si fuésemos extraterrestres, cada esrilanqués del pueblo nos miraba sin saber de dónde habíamos salido. El mismo intercambio de miradas curiosas sucedió mientras íbamos como sardinas en lata en el autobús que nos dejó en el templo Dhowa, donde una preciosa estatua de Buda tallada en la roca espera majestuosa a todo aquel que quiera acercarse hasta Sri Lanka.

Dhowa Rock en Ella

Dhowa Rock en Ella

Cuando uno viaja sin prisas, lento, disfrutando de cada sorpresa que el camino le pone ocurren las mejores historias y así fue cómo acabé en un festival predominantemente hindú que solo se celebra una vez al año. Esperando el bus a Tangalle, de pronto, un par de chicas inglesas me comentaron que en esos días estaba acabando en Kataragama uno de los festivales religiosos más importantes de Sri Lanka, el Esala Perahera. Cambiar de planes no suponía más que desviarse algo de la ruta, así que acepté al instante.

Llegamos a Tissa, el aire olía a fiesta. Al atardecer la gente se bañaba en el lago, cantaba, reía. Sin mucho que ver, Tissa me pareció una ciudad para pasearla y disfrutar, una vez, de la maravillosa gente de Sri Lanka.

Una tarde de paseo por Tissa

Una tarde de paseo por Tissa

Esa misma noche me acoplé al viaje hacia Kataragama, escasamente a cuarenta minutos. Me sentí como aquella niña que se baja del coche para entrar a la feria con mariposas en el estómago. Los alrededores del festival eran igual que el recinto ferial de Sevilla en mis días de trajes de faralaes. Los puestos de comida y de algodón dulce junto a cientos de coches, las tiendas de peluches y souvenirs también aprovisionaban de todo tipo de productos del hogar y ropa y yo, aunque sin traje de gitana, parecía la estrella de la fiesta.

La gente acudía ansiosa al lugar donde tenía lugar la procesión, algunos parecían llevar horas guardando sitio. Más recuerdos de mi Sevilla natal, ¿la Semana Santa se había atrasado este año?

El fervor en el Esala Perahera

El fervor en el Esala Perahera

Tras una hora de miradas curiosas, la música dio paso a más de dos horas de máscaras, fuego, bailes tradicionales, cantos más serios y mucho, muchísimo color. Elefantes (encadenados para mi desgracia) vestidos de las ropas más chillonas a los que hacían bailar al ritmo de la música.

Esala Perahera en Kataragama

Esala Perahera en Kataragama

Aunque el Esala Perahera de Kataragama tiene fama por la serie de rituales de mutilación que los fieles practican, a mí no me tocó ningún espectáculo grotesco esta vez y el colofón de la procesión venía con un elefante más decorado que cualquier otro que paseaba ante la admiración de los peregrinos una reliquia de Buda hasta el templo dedicado al dios Skanda.

Y, aunque puede que no me diese cuenta ni de la mitad de lo que ocurría ni entendiese de verdad el significado religioso de todo aquello, ahora solo puedo recordar con cariño aquella carambola que me hizo aparecer en algo algo tan especial y tan lejos de casa.

Color por doquier en el Esala Perahera

Color por doquier en el Esala Perahera

Datos útiles

El recorrido en tren desde Nanu Oya (la estación de trenes de Nuwara Eliya) hasta Ella es uno de los más conocidos en Sri Lanka por su belleza. A decir verdad, yo preferí el anterior, el que trascurre desde Kandy hasta Nuwara Eliya. El billete cuesta 110 rupias en segunda clase y sin reserva de asiento. Sinceramente, no creo que la reserva sea necesaria a no ser que sea fiesta nacional, ya que suelen haber asientos más que de sobra y, de modo contrario, vale encaramarse a la puerta del tren y disfrutar aún más del viaje.

Desde la estación de trenes de Ella hasta el propio pueblo no hay más de cinco minutos andando, por lo que no es necesario transporte.

En Ella me alojé en un sitio llamado The Rock Face, una pequeña pensión en la casa de una familia que ofrece alojamiento básico pero limpio. Ashoka y sus hijas te hacen sentir como en casa y cocinan unas cenas y desayunos de infarto. Pagué 900 rupias por una habitación individual.

El trekking hacia Adam’s Peak puede hacerse perfectamente en solitario y sin utilizar ningún transporte. Pide un mapa en tu hostal y déjate llevar por la zona. Existe la posibilidad de subir a la montaña conocida como Ella Rock pero yo no me sentía con muchas fuerzas para hacerlo esos días.

El templo de Dhowa es gratuito y merece la pena si se dispone de tiempo. Se puede ir en bus público pidiendo que te paren en la entrada.

Para ir de Ella hasta Tissa únicamente existe la opción del autobús, tan económicos como siempre. El billete cuesta 135 rupias y suele tardarse unas cuatro horas. Para coger el bus basta con preguntar por la parada en la carretera principal de Ella, no tiene pérdida. Más vale informarse con antelación de los horarios con los locales porque no son tan habituales.

En Tissa me quedé a domir en Traveler’s Home, nada del otro mundo pero suficiente para pasar una noche. Me dio la impresión de que intentar timar bastante a la gente que quiere hacer safaris en el parque de Yala, así que mejor evitarlos si se quiere esto. Tras regateo, pagué 1.200 rupias para la habitación individual.

En Tissa merece la pena darse un paseo por el lago y ver la vida de los locales alrededor de él al atardecer, la hora del baño.

Para llegar a Kataragama fletamos una furgoneta ya que éramos varios para ir y volver de noche, que es cuando sucede la procesión. El viaje es de más o menos una hora y pagamos 400 rupias por persona.

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