Sukhothai, bici e historia en Tailandia

Acababa de aterrizar en Bangkok, me sentía como si estuviese en casa a pesar de no ser la mía (gracias infinitas a Biel y Sandro) pero no tenía ni idea de qué pasos quería dar. Sabía que quería avanzar hacia Laos, una gran espina clavada cuando soñaba con puntos en el mapa del mundo. Había leído que el tiempo corría lento en este país atravesado por el Mekong y anhelaba días infinitos para recorrerlo, ¿quién me iba a decir que ahora tenía todo el tiempo del mundo para hacerlo?

Sukhothai apareció en ruta, justo en el centro de mis planes y como una parada técnica estupenda para no pasar más de siete horas encerrada en el autobús hacia el norte de Tailandia

Wat Sa Si de Sukhothai

Wat Sa Si de Sukhothai

Un día y medio después de llegar de Maldivas y ya me parecía que llevaba años en el que llaman el país de las sonrisas. Los 7/11 de mis amores y sus yogures de nata de coco, la comida en cada esquina, la vuelta a la ropa relajada, cosas tontas me sacaban una sonrisa sin darme mucha cuenta.

La estación de buses de Mo Chit en Bangkok es una auténtica colmena al norte de la ciuad, un número enorme de ventanillas a la espera de viajeros hacia casi todos los puntos de Tailandia y sus correspondientes pasos fronterizos. Nunca me cansaré de decir lo sencillo que es viajar por este país. A los 45 minutos ya estaba montada en un bus con azafata, aire acondicionado a toda pastilla, una cajita con un panecillo y un vaso de agua y un ticket que me promete almuerzo gratuito en la próxima parada que hagamos.

Siete horas después, con el sol ya escondido, dejé caer la mochila en el primer hotel que vi. Esa noche, a pesar de casi no caber en el baño de canto, duermo acunada con el sonido de un canal de viajes hacia Japón.

Al día siguiente me levanto con energía, ando hacia la calle principal en busca del songthaew hacia la ciudad antigua y, unos escasos 20 minutos después, aterrizo en el primer puesto de bicicletas a la entrada del recinto.

La verdad es que, tras haber visitado Ayyuthaya unos años atrás, me quedé sorprendida de lo bien cuidada que está toda Sukhothai. El área principal es un recinto cerrado bien asfaltado y con zonas de césped impolutas. Yo, personalmente, abogo por la aventurilla que brinda la primera, a pesar de que las ruinas de Sukhothai están mucho mejor conservadas y da gusto levantar la mirada para contemplarlas.

Wat Si Sawai

Wat Si Sawai

Aunque el cielo prometía lluvia monzónica, parece que los dioses me perdonaron el día y recorrí sin tregua los preciosos templos de la que fue la capital del Reino entre los siglos XIII y XVI a lomos de mi, ahora mejor amiga, la bicicleta. El esplendoroso Wat Mahathat en el centro del complejo principal, sus aledaños: Wat Sa Si, Wat Trapang Thong, Wat Si Sawai, Wat Si Chum, Wat Phra Pai Wang, Wat Chedi Sung y el escondido Wat Chang Lom son algunas de las perlas que ver en la Ciudad Histórica, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1991.

Wat Mahathat, la joya de Sukhothai

Wat Mahathat, la joya de Sukhothai

Como tengo todo el día para recorrerlas, me tomo la cosa con calma y me salgo del recinto en busca de algo que comer. Un plato llamado noodles Sukhothai me llamaba a gritos y, tras la primera cucharada, se convirtieron en uno de mis platos favoritos en Tailandia. La combinación de los cacahuetes, el cerdo y el chile me volvieron a enamorar aún más de la comida de este país.

Wat Chedi Sung

Wat Chedi Sung

A pesar de que Sukhothai me gustó, siempre la recordaré como el día que conocí a un par de ángeles. Erika y Néstor pasaban su luna de miel en Tailandia por libre, con una mochila a cuestas durante un mes entero sin ruta preestablecida y dejándose llevar.

¿Sabéis esa gente con la que conectas hablando con ellos 30 minutos (o sería casi una hora)? Un simple hola en uno de los templos de Sukhothai nos sirvió para que yo les descubriese a ellos los batidos de frutas de Tailandia, que ellos me alegrasen la tarde y que a día de hoy recuerde con cariño los ratos que pasé con ellos después.

Wat Phra Pai Luang

Wat Phra Pai Luang

Datos útiles

Sukhothai es fácilmente accesible desde Bangkok en bus. Los autobuses salen desde la estación de Mo Chit cada hora aproximadamente. El precio del billete es 358 baths e incluye almuerzo durante el camino. El viaje dura unas 6 o 7 horas.

La estación de autobuses de Sukothai está a unos 15 minutos andando de la que llaman Nueva Sukothai.

Como no iba buscando grandes lujos, me quedé a dormir en un hotel/motel llamado Rueang Sri SiRi Guesthouse. Está justo enfrente de la parada de buses y, aunque comodidades tiene pocas, estaba limpio y tenía wifi y televisión. La habitación para mí sola me costó 200 baths por noche. Tomando un pequeño atajo (que los dueños de encargan de indicar) se llega a la calle principal de Sukothai en menos de 10 minutos.

Para llegar hacia la zona antigua (Old Sukhothai o Antigua Sukhothai) se tiene que ir a la parada de songthaew que hay en la calle principal de la Nueva Sukhothai. El coste del viaje es de 30 baths hasta la misma puerta del recinto.

Para volver a la ciudad basta con esperar a que aparezca el primer songthaew en la puerta principal.

Para explorar las ruinas, lo más sencillo es alquilar una bicicleta en uno de los puestos de la entrada. Por un día cobran 30 baths.

La entrada al recinto principal cuesta 100 baths. Sin embargo, si se quieren explorar el resto de complejos es necesario pagar al llegar. Así, el Wat Si Chum (una gran estatua de Buda sentada blanca) y el Wat Phra Phai Luang, ambos en la zona norte, cuestan conjuntamente otros 100 THB. Eso sí, yo entré en el segundo gratis…

Por otro lado, existen otros templos desperdigados, como el Wat Chang Lom, que son totalmente gratuitos.

No dejes de probar los noodles Sukhothai en cualquiera de los restaurantes de la calle principal de Old Sukhothai. Aunque hay muchos restaurantes orientados a turistas, yo me dejé maravillar por uno para locales justo enfrente del Wat Chedi Sung.

Cuando lleguéis cansados de un día de templos, en la Nueva Sukhothai podréis deleitaros a base de shakes de frutas en los puestos que montan en la calle principal pasando el puente. También se puede comer en puestos callejeros en el pequeño night market.

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