Ritigala, Aukana y las Cuevas de Dambulla, en el corazón de Sri Lanka

Esta mañana me he autoregalado un desayuno de esos que tienes ganas de fotografiar para la posteridad. Con puntualidad británica, a las siete de la mañana Thoms ya me había llenado la mesa de la comida.

Ahora recuerdo con cariño el que fue una de mis mejores comidas en Sri Lanka: fruta, tostadas con mantequilla y mermelada de naranjas de Sevilla (¿?), stringhoppers con coco, hoppers con huevo todo regado con una buena tetera de té de Ceilán.

Que levante la mano quien no piense que probar la comida de un país no sea una parte principal de un viaje.

Una vez más, la brisa va a ser parte de mi viaje y me dejo guiar por mi cariñosa familia de acogida, que ha leído sobre un antiguo monasterio en la jungla. Iremos juntos hacia Ritigala, advertidos de que debemos hacerlo por la mañana ya que cuando empieza a caer la tarde los elefantes salen hacia la carretera y puede ser peligroso…

Aunque intentamos hacerlo en transporte público, a mitad de camino un charlatán más nos convence con sus precios y la duda de que en el cruce con Ritigala vaya a haber algún tuk tuk esperando para la casi media hora que falta hacia el monasterio. Al final pasamos casi todo el día refugiados del calor en la minivan y disfrutando de los paisajes de este país tan verde.

En el parking solo hay lo que parece ser un bus escolar y la casetilla de tickets nos da una extraña bienvenida. Parece que la entrada es otra pequeña fortuna, 1.000 rupias a pagar y sin ticket oficial que lo identifique. Siempre nos quedaremos con la duda de si era verdad o no… Una cantidad más a anotar en el “fondo para timos” del que Javier Reverte tanto habla.

Quizás Ritigala sea uno de los lugares más extraños en los que haya estado hasta que uno se integra en la atmósfera que lo rodea. Es difícil pensar que un grupo de personas pudieses vivir hace cientos de años en medio de la jungla simplemente con el objetivo de meditar. Cuando se empieza a imaginar a una decena de monjes sentadas alrededor de los enigmáticos círculos que hay cada tanto en las escaleras para contemplar el agua y así alcanzar un estado de paz absoluta todo empieza a cobrar sentido.

El misterioso templo en la jungla de Ritigala

El misterioso templo en la jungla de Ritigala

La cocina, la librería, el spa e incluso los baños, todo queda en una pequeña parte de lo que fue, de lo que tuvo que ser este monasterio en la montaña y rodeado de una naturaleza explosiva.

Ya me gustaría haber visto una procesión azafrán recorriendo esas escaleras… A cambio, hoy voy a descubrir que existe un arte marcial que más bien tiene tintes de danza. Un grupo de Angampora ha decidido que Ritigala sea su lugar de entrenamiento hoy y los cuatro nos quedamos embelesados mirando la sucesión de movimientos acompañados de gritos.

De vuelta en el coche, el camino hacia Aukana es un placer. Sri Lanka es pura naturaleza y para los que somos amantes de ellas es un placer. Mira atentamente a tu alrededor, vida no te va a faltar: aves de todos los colores, monos, elefantes y algún que otro reptil despistado cruzando la carretera.

En Aukana estamos solos, parece que se ha parado el tiempo ante la expresión de tranquilidad de este gran Buda, que es para mí uno de los más bonitos del país. Te sientes pequeño, te sientes en paz y ni el grupo de bulliciosos esrilanqueses que vienen después te va a desviar de ese sentimiento.

El gran Buda de Aukana

El gran Buda de Aukana

El día aún no ha acabado, aún quedan fuerzas para un poco más y si ese poco son las famosas cuevas de Dambulla no hay más que decir.

A decir verdad, la puerta del recinto no invita a entrar a nadie. Con la ayuda japonesa han construido un mamotreto horroroso pero después de la subida rodeada de monos y entrar en la primera cueva, la cosa cambia.

Un detalle de las cuevas de Dambulla

Un detalle de las cuevas de Dambulla

Ahora que me leo me doy cuenta del día tan espiritual que pasé sin ser nada creyente. La sensación de tranquilidad y, al mismo tiempo, asombro al entrar en la primera de las cuevas es difícil de olvidar y no recuerdo que me haya pasado nada similar nunca.

Serían las horas de la tarde pero tuve la cueva para mí durante el tiempo que quise y ese silencio mientras contemplaba unas pinturas tatuadas en la piedra siguiendo su curso hace cientos de años me hicieron disfrutar de ellas aún más. Dudo que nunca vaya a volver a ver unas cuevas tan preciosas en mi vida, dudo que algo más me pueda transmitir tanta serenidad sin comprender al 100% todo lo que veo.

La segunda de las cuevas de Dambulla, impresionante.

La segunda de las cuevas de Dambulla, impresionante.

Datos útiles

Desde Dambulla puede irse en bus hasta Habarana (44 rupias) y después coger otro hacia Kekirawa y bajarse en la intersección hacia Ritigala. Ahí será necesario tomar un tuk tuk hacia el parking pero quizás es necesario esperar un buen rato porque no son frecuentes. Suele pagarse entre 1.000 y 1.300 rupias desde el cruce.

También sería posible llegar a Ritigala y a Aukana desde Pollonnaruwa.

Hasta Aukana es un tanto difícil llegar en transporte público si no es desde Kekirawa en tuk tuk. Aparte del templo poco hay por la zona, así que hay que rascarse el bolsillo si no se dispone de vehículo propio. Sin duda, una buena opción para todo este día fue tener nuestra propia furgoneta para todo el día, por la que pagamos 3.000 rupias.

Las cuevas de Dambulla están en la propia ciudad, en la carretera que lleva hacia Kandy. Cualquier bus desde el centro puede dejarte en la puerta por unas 10 rupias. Estamos hablando de un par de kilómetros, también puede hacerse andando.

La entrada al Buda de Aukana cuesta 750 rupias, en cuanto a Ritigala nos aseguraron que 1.000, aunque yo estoy segura de que es por donación. Acceder a las cuevas de Dambulla son 1.500 rupias. Ráscate el bolsillo y entra, merecen la pena.

Nuevamente, en Dambulla me quedé a dormir en el Nature Tourist Inn por 1.300 rupias la habitación para mí sola.

La mejor opción para comer en Dambulla es el Benthota. Buenas raciones, buen servicio y limpio. También pueden encontrarse short eats de todo tipo para picotear.

Compartir es regalar amor...Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn