Anuradhapura, entre templos y dagobas en bicicleta

Me levanté con ganas, la noche anterior estaba tan cansada que había hecho ayuno, así que el homenaje del día vino en forma de un desayuno contundente mientras observaba cómo despertaba el día.

Suerte, serendipia, los únicos huéspedes del hotel además de mí eran Gina, Alex y Lluc, una familia catalana pero residente en Menorca, que se habían echado la mochila al hombro para recorrer la isla por libre durante un mes completo. Muy amablemente me aconsejaron cómo aprovechar mi día pero nada me hacía presagiar que me sentiría su hija adoptiva durante los ocho días siguientes. Carambolas de un viaje en solitario.

Empecé a pedalear con energía, el verde de los arrozales me la contagiaba. Aparqué la bici en la puerta del Monasterio de Isurumuniya, al que entraban decenas de familias vestidas en un blanco impoluto.

Festivo en Sri Lanka

Festivo en Sri Lanka

Era sábado y Anuradhapura, a pesar de una ciudad antigua y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, está llena de vida y la importancia religiosa para los esrilanqueses se palpa por todos sitios. Era día festivo, celebraban en grupo el estar juntos, definitivamente he tenido suerte.

Pedaleo y la gente me sigue sonriendo, no me encuentro ni un solo turista como yo. Todo el mundo parece querer ayudarme a cambio de nada.

Hoy será el día que vea las primeras estupas y me maraville con ellas. Voy hasta la Mirisaweti y aprendo que debo darle la vuelta en el sentido de las agujas del reloj junto a un puñado de fieles. También aprendo que los esrilanqueses tienen el súperpoder de no quemarse los pies ni cuando el suelo echa casi humo… Consejo básico para futuros aventureros: es imprescindible llevar en la mochila unos calcetines para cuando hay que descalzarse.

La dagoba Mirisaweti, impoluta

La dagoba Mirisaweti, impoluta

Continúo hacia el lugar más sacralizado de Anuradhapura, el Sri Maha Bodhi, el que creció a partir de un esqueje del árbol de la iluminación (Bodhi). Siddharta Gautama alcanzó la verdad de su existencia bajo él convirtiéndose después en Bud, por lo que el rezo ante este árbol para los budistas puede compararse con el peregrinaje a La Meca para los musulmanes. Ya os podéis imaginar la cantidad de energía que ese lugar transmite hasta para los que no logramos entender al 100% su significado.

Pasear a tu ritmo por la zona antigua de Anunadhapura es un gustazo. Palmeras, estanques llenos de flores de loto, vida por todos sitios… Pero hace un calor de caerse de espaldas y me siento a descansar frente a una inmensa dagoba blanca, Ruvanvelisaya. En realidad estoy casi que con miedo… He decidido no pagar los 25$ que cuesta la entrada a la ciudad antigua y no está nada claro dónde está el límite de la zona de pago. Tonta de mí, después descubro que no estaba mi mucho menos cerca.

Sin embargo, gracias a esas dudas me va a ocurrir una de las historias más especiales del viaje. Un grupo de ancianos de excursión, nuevamente vestidos de blanco, está sentado a mi lado comiendo su ración de rice & curry. De pronto, uno de ellos se levanta, se acerca hacia mí y veo como en la mano trae algo envuelto en hoja de palmera. En serio, se me eriza la piel, se me ilumina la cara y me hubiera encantado verme a mí misma en ese momento. La sonrisa tuvo que ser descomunal.

El primer rice & curry y bien especial

El primer rice & curry y bien especial

Todavía con la sorpresa, se me arremolinan y deciden que lo mejor es verme comer. Intento aprender a comer arroz con los dedos a base de imitación: la mano en forma de cuchara, un puñadito de arroz, se moja en el curry e intentar que todo vaya hacia adentro sin que nada caiga. Animo a alguien a probarlo en casa… ¡Es todo un arte!

You from? Hablamos en el idioma universal de los gestos mientras me observan arreglármelas comer.

¿Un poco más de lo que parece ser un chutney de mango? ¿Chile con mango? ¿Un caramelo? Picture, picture! ¿Puedo estar más contenta?

Para mí levantarme hoy ya ha merecido la pena pero avanzo hacia la dagoba de Thuparama. Esta pequeñita pero cuca estupa es la más antigua de Sri Lanka y es fotogénica hasta decir basta.

La dagoba de Thuparama, la más antigua de Sri Lanka

La dagoba de Thuparama, la más antigua de Sri Lanka

Hasta ese momento me he librado de unos cuantos tuk-tuks que me ofrecen llevarme a la zona de pago de la ciudad evitando a los guardas a un precio menor… De lo que no me he podido librar es de un chico de (calculo, y calcular con los asiáticos es calcular a ciegas) unos 25 años que dice querer practicar inglés.

Me invita a un polo de piña en un idioma que apenas entiendo y pedalea conmigo durante casi dos horas. ¿Cómo me lo quito de encima? Ni el poder de mi anillo de casada desde hace tres años con el amor de vida es invencible y termino mandándolo a por pipas cuando me dice directamente que a él solo le gustan las chicas extranjeras. Ejem, nuevamente, las historias de un viaje en solitario.

El mapa me dice que estoy en el Palacio Real pero solo quedan unas ruinas. Avanzo pedaleando hasta una inmensa dagoba de ladrillo rojo. Estoy en Jetavanarama en pleno mediodía, la miro desde la sombra de un árbol y descanso pensando en la extensión de terreno que he debido de cubrir hoy y en el número de botellas de agua que me he tenido que beber.

Jetavanarama y el sol de justicia

Jetavanarama y el sol de justicia

Son las cuatro pero no me rindo. Vuelvo a mi preferida hasta el momento y entro en Ruvanvelisaya nuevamente descalza. El color del blanco puro contrastado con la cinta naranja, amarilla y azul me hipnotiza mientras la rodeo junto a un grupo de adolescentes a los que les hace mucha gracia mi presencia. En serio, me habré cruzado en todo el día con cinco turistas.

Sri Lanka me regala hoy una procesión alrededor de la dagoba. Y no me gusta que todo lo que cuento sea idílico pero llevaba dos días en este país y ya me sentía menos lejos de casa.

Ruvanvelisaya en un momento de suerte

Ruvanvelisaya en un momento de suerte

Datos útiles

El ticket de acceso a ciertas partes de Anuradhapura tiene un coste de 25$. Todos los lugares que he contado en este post (a excepción del templo de Isurumuniya, que cuesta 200 rupias) son gratuitos. No pagar estos 25$ fue una decisión que tomé sobre la marcha tras enterarme de los precios del resto de lugares en el país (Sigiriya 30$, Polonnaruwa 25$, Aukana 750 rupias…) y de darme cuenta de que gran parte de lo que había que ver era gratis. Sinceramente, con lo que vi ese día estuve más que feliz de haber ido a Anuradhapura.

La mayoría de hoteles en la ciudad alquila bicicletas. Yo lo hice en el mío por 400 rupias, un precio bastante estándar al parecer.

Las distancias desde la zona donde se concentran la mayoría de los hoteles, la calle Harischandra, hasta la parte antigua de Anuradhapura pueden cubrirse fácilmente en bicicleta. Aunque más vale tomárselo con calma y llevar siempre agua. El recinto está lleno de puestos donde comprarla fresca y donde aprovisionarse del rico mango fresco y cortado de Sri Lanka.

Los precios de la comida en los hoteles suelen ser bastante altos, así que un buen lugar para los que quieran ahorrar comiendo un fried rice o un kothu es la Salgado Hotel & Bakery.

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