Hi World,

Debería estar escribiendo estas líneas hace mucho tiempo pero supongo que hasta que no se ha hecho tangible porque estoy a apenas dos camisetas de cerrar la mochila que llevaré en escasas horas hasta Bangkok no he sido consciente de lo que estoy a punto de hacer.

A veces me encuentro a mí misma pensando en que es imposible que pasado mañana esté en un conocido y a la vez extraño continente sin billete de vuelta. ¿Cuándo se me ocurrió emprender esta “locura? ¿quién me mandó a mí soñar tan alto?

Los últimos meses han sido una vorágine y nunca he encontrado el momento de inspiración para escribir estas palabras (que reconozco que me parecen demasiado íntimas para contar al mundo, cosa que no parece importarme demasiado…) pero no podía concebir el hecho de dejar España sin hacerlo y, aquí estoy, una vez más, movida por la urgencia de quien sabe que el tiempo corre en su contra, de quien tiene que decir hasta luego hasta a la tortilla de patatas de su madre.

Supongo que el título de este engendro-blog-bitácora-reflejasueños no deja mucho margen a la imaginación y que muchos no se llevarán las manos a la cabeza; sin embargo, yo nunca fui la misma. Esa cabra que tiraba para el monte parece que estuvo echándose la siesta unos cuantos años antes de despertarse con un bostezo silencioso que terminó por convertirse en un “me mudo al Everest” en toda regla y a muchos les costará aceptar que esta “señorita” esté practicando una huida (¿?) hacia adelante.

Como Aniko Villalba repite muchas veces en su precioso libro Días de Viaje –que me ha terminado de enamorar, más si cabe, de lo que significa viajar en primera persona en estos días de lectura compulsiva– “yo de chica…”, yo de chica no me veía comiéndome el mundo. A pesar de ser siempre la más alta de la clase, nunca me consideré extrovertida, siempre me limité a observar, estudiar y, ahora ya lo sé, a soñar. Soñé que un día era libre, soñé que la naturaleza me haría llorar y soñé que reunía la valentía suficiente para cumplir mis sueños.

¿Y cuáles son los míos? Quiero conocer, respetar, adaptarme, aprender y desaprender. Comprender, decidir, reír, llorar, ser feliz, seguir soñando, ser mejor persona y descubrir. Leer, escribir, fotografiar, conversar, pensar y, lo más importante, disfrutar de todo ello. ¿Por qué si no? ¿Por qué no?

No os engaño, esto no ha sido un camino de rosas. Salirse de la rueda casi a la treintena (temblores cuando escribo esta palabra con significado personal por primera vez), dejar un trabajo fijo y explicarlo a los que quieres no es tarea sencilla. Autoconvencerse de que una no está loca, lo es aún más. Porque, aunque estoy de acuerdo, tomar la decisión es lo más difícil, mantenerse firme hasta que llega un día tal y como el de hoy solo es simple con la cordura y con muchísimo amor de otros.

Después de varias noches sin dormir bien, en la previa aquí estamos y en unas horas mi mochila de 10 kilos (de cachivaches y otros cuantos de ilusiones) y yo embarcamos a Oslo y después a Bangkok sin un rumbo fijo ni un tiempo determinado, esperando a que la brisa marque la ruta. Experimentar el dulce meneo de un viento ligero, viajar sin prisas y escribir alguna que otra línea por aquí son mis únicos planes y me provocan una sensación que no había experimentado en mi vida.

¿Cuándo voy a volver? ¿por dónde voy a ir? ¿y cómo? ¿qué voy a hacer después? No lo sé y me encanta no saberlo.

Este blog no nace con ningún objetivo más allá que el de contar en primera persona la historia de quien una vez decidió dar un pequeño salto para ser un poquito más feliz. No me siento una heroína, ni siquiera valiente (una de las palabras que llevo oyendo repetidamente en estos meses), solo siento que tomé la decisión acertada para mí en el momento adecuado y quiero que compartas conmigo la adrenalina de este y otros momentos.

Ahora sí, Hola Mundo.

Atarcede en Lamu

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